Había una vez, en las montañas de los antiguos pueblos de España, un sendero conocido como el Camino de Santiago.
Este camino conducía a la grandiosa ciudad de Santiago de Compostela, donde se creía que estaban enterrados los restos del Apóstol Santiago. Personas de todo el mundo emprendían esta peregrinación, buscando iluminación espiritual, penitencia o simplemente una gran aventura.
