Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo de España, crecía un majestuoso olivo en una de las colinas con vistas al pueblo.
Este olivo, no era un árbol común; se decía que estaba encantado con ramas que susurraban secretos y hojas que brillaban como plata bajo la luz de la luna. Los aldeanos creían que El Olivo, como lo llamaban, tenía el poder de conceder deseos y sanar corazones rotos.
